perezTodos sabemos que el mundo del fútbol, más bien dicho el gran negocio que rodea al fútbol, se rige por una serie de principios, a menudo inexplicables, que suelen escapar a la razón. Pero lo que ha ocurrido en los últimos días ha superado todos los límites y ha generado un generalizado sentimiento en el que se mezclan la incredulidad y la indignación. Que un señor se gaste 163,5 millones de euros en una sola semana para fichar a dos personas que dan patadas a un balón, y además en un contexto de crisis económica generalizada, es un intolerable insulto al conjunto de la ciudadanía, pero en especial a todas esas -muchas, muchísimas- personas que, a pesar de los esfuerzos, no consiguen llegar a fin de mes. El señor Florentino Pérez se ha reído de todos tirando la casa por la ventana, invirtiendo un dineral estratosférico procedente de créditos bancarios -¿no estaban ciñéndose el cinturón, también los bancos? y otros fondos que prefiero ni saber, para darles un sueldo de mileuristas… ¡A LA HORA! a dos chavales que simplemente juegan a fútbol. Por muy buenos que sean, con estas cifras, esto ya no es una justificación admisible. Y aún habrá gente -me temo que no poca- que le aplaudirá “la gracia”… Noticias como éstas son una dura prueba para persistir en confiar en un mundo mejor y no caer en la desesperación. Se sea del equipo que sea, eso ya da bien igual…

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