BarackObamaHero Una de las noticias que más revuelo ha levantado en los últimos días ha sido la concesión del Premio Nobel de la Paz 2009 al presidente de los EE.UU. Barack Obama. Según el testamento del propio Alfred Nobel, este premio se otorga “a la persona que haya trabajado más o mejor en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de procesos de paz”. Así pues, la controversia suele estar servida en muchas de las ediciones del mencionado galardón, pues los encargados de su concesión se han permitido a lo largo de la historia no pocas licencias a la hora de hacer su particular interpretación de los mencionados principios fundacionales…

Con esto, no se pretende ni mucho menos poner en duda el indudable soplo de aire fresco que ha supuesto para las relaciones internacionales el relevo de George W. Bush (no comment…) por Obama, cuyo esfuerzo por reparar los daños causados por su antecesor y devolver la esperanza en un mundo mejor a millones de ciudadanos del mundo está siendo incuestionable. Sin embargo, teniendo en cuenta que Obama sólo lleva unos meses en el cargo, y tal y como apunta muy acertadamente el Instituto Catalán Internacional por la Paz, esta designación, más que un premio por unos hechos consumados, se ha quedado en algo así como un “encargo” o recado para que el presidente no defraude las grandes expectativas que él mismo ha levantado. Y a la vista de esto, somos muchas las voces que consideramos que nos encontramos ante un reconocimiento demasiado precipitado (algo que incluso han reconocido a posteriori la mayoría de miembros del Comité Nobel)… Más información y enlaces:


obama2Volviendo a revisar la carta fundacional, conceder el premio a Obama “por proponer la reducción de arsenales nucleares y por sus extraordinarios esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”, se antoja como un argumento pírrico e insuficiente sobre todo teniendo en cuenta lo que todavía, a día de hoy, es una realidad en su Administración; además de ser el Jefe de Estado Mayor del Ejército más poderoso del mundo, Barack Obama mantiene aún en liza la infamia de Guantánamo (sin un propósito claro de depurar responsabilidades), la ilegítima ocupación de Irak y la “olvidada” guerra en Afganistán. Y al mismo tiempo, tampoco ha asumido ningún compromiso real para la reducción del arsenal nuclear estodounidense ni ha mostrado una firme intención de colaborar productivamente en las negaciones para frenar el cambio climático… Con todo, uno se pregunta: ¿no habría sido más justo, por ejemplo, un reconocimiento póstumo a la encomiable labor de Vicente Ferrer? En fin, visto lo visto, siempre nos quedará el consuelo de los llamados Premios Nobel alternativos (más info)

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