Cada vez se oye hablar más del 2012 como enigmática fecha clave. El fatalismo y la incredulidad de muchos al respecto contrasta con las voces que ya abrazan las grandes posibilidades de cambio y transformación que nos plantea la tan largamente esperada llegada de una nueva era de luz para la humanidad.

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La amenaza del apocalipsis, del definitivo castigo divino que hipotéticamente debería poner fin al errático transitar de la raza humana por el planeta, se cierne de nuevo sobre nosotros. Una vez más. Los ecos de las trompetas del día del juicio final ya ensombrecieron a muchos el mágico tránsito hacia el nuevo milenio. Y ahora, casi una década después, los temores más catastrofistas vuelven a cobrar fuerza a medida que se acerca otra fecha clave que no deja de alimentar interpretaciones -y supersticiones- para todos los gustos. El 21 de diciembre de 2012 es el día D que, en teoría, pondrá punto final -o seguido, según se mire- a la vida de los hombres en la Tierra tal y como se ha venido desarrollando en los últimos tiempos.

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Pues bien, ante un enunciado de semejante calibre, y observando a nuestro alrededor, parece que, a grosso modo, son tres las posturas principales que, a mi modo de ver, se pueden adoptar al respecto: una, quizás la más cómoda y extendida, de indiferencia e incluso algo de sorna añadida; otra, de fatalismo y un cierto estado de pánico que, mal llevado, puede llegar incluso a quitar el sueño por las noches; y por último, una tercera que, ganando silenciosamente espacio poco a poco, es la que apuesta por abrazar las oportunidades que siempre se abren ante toda situación de cambio.

Pasemos ahora a focalizarnos un poco más en las dos últimas opciones, sin querer menospreciar la primera, que en el fondo, aún y sin querer reconocerse abiertamente, presenta muchas afinidades con la segunda. La postura fatalista ha quedado recientemente simbolizada a la perfección a raíz del estreno de 2012, la última superproducción hollywoodense del director Roland Emmerich, quien ya nos había puesto en antecedentes de su gusto por la destrucción planetaria a gran escala hecha espectáculo con títulos como Independence day, Godzilla o El día de mañana

Partiendo de un explícito y efectista subtítulo, “Estábamos advertidos”, y acompañado, cómo no, de una gran campaña de marketing, Emmerich se inspiró en los certeros vaticinios que ya han ido revelando las profecías mayas para interpretar de la manera más simplista e impactante posible -o sea, a conveniencia de la visión de negocio de la gran industria cinematográfica- lo que esta sabia civilización ancestral predijo que se produciría coincidiendo con el fin de su propio calendario: un punto de inflexión sin precedentes en el devenir de la humanidad. Las escrituras mayas hablan del momento en el que ahora nos encontramos como la época del advenimiento inminente del “sexto Sol” y la “llamarada radiante” que supondrán “el final del tiempo del miedo”; unas palabras que, tomadas demasiado a la ligera, pueden asociarse fácilmente a un temible fenómeno apocalíptico, o bien, por otra parte y yendo un poco más allá, pueden llevarnos también a una visión simbólica con un significado mucho más profundo: el alumbramiento de una nueva era caracterizada por un tipo de conciencia mucho más evolucionada.

Y esta es precisamente la interpretación que se alinea con la tercera de las vías apuntadas. Una opción que, a diferencia de lo que muchos aún creen, no parte de ninguna fantasía o concepción esotérica vacía de fundamento, sino que se sustenta en un fenómeno astrológico y astronómico conocido desde hace miles de años, por civilizaciones como la maya, y que responde al nombre de “la precesión de los equinoccios”. Intentando simplificar este concepto un tanto complejo al máximo, podríamos decir que la Tierra está a punto de completar un gran ciclo astronómico de 26.000 años, periodo equivalente al ciclo de los “cinco soles” mayas y conocido también como año Platónico o año Galáctico, que se puede caracterizar, a grandes rasgos, por 13.000 años de viaje hacia el centro de la galaxia y 13.000 años más de posterior retorno hacia el punto más lejano de la misma. Según muy bien sabían la práctica totalidad de las culturas ancestrales, la importancia de encontrarse en el punto más cercano o lejano del centro de la galaxia no es poca cosa, pues a nivel energético-vibracional determina con fuerza el comportamiento de los seres vivos que habitan el planeta. Esto es, al iniciarse el ciclo de acercamiento, la energía predominante es la femenina, caracterizada por el amor, la integración, la compasión y la solidaridad; mientras que en el proceso de alejamiento, la energía dominante pasa a ser la masculina, que en su intento de crear protección en una situación desfavorable, termina generando escisión, individualismo, competitividad, desigualdades y clasismo.

Del ego de Piscis a la conciencia de Acuario

Así las cosas, la cuestión es que el 21 de diciembre del 2012 finaliza la fase de alejamiento del centro de la galaxia en el que nos hemos hallado inmersos los últimos 13.000 años y comienza un nuevo ciclo de acercamiento progresivo hacia el centro. En términos astrológicos, nos despediremos de la Era de Piscis, regida por las máquinas, las jerarquías, el ego y el afán de poder, en la que todo se ha ceñido al deseo de control, la imposición y la generación de miedo, y daremos la bienvenida a la Nueva Era de Acuario, regida por la conciencia, la sabiduría y la intuición, en la que la experiencia será la base de todo conocimiento, y de la que se espera que traiga por fin altas dosis de sanación, paz y prosperidad.

De hecho, ya hace unos cuantos años, desde aproximadamente 1992, que nos encontramos metidos de lleno en el periodo de transición de Piscis a Acuario, y esto se aprecia muy claramente, según los más afines a esta interpretación, en las graves convulsiones que está sufriendo tanto el planeta (crisis medioambiental) como el sistema dominante en los últimos tiempos (crisis político-económica y de valores). El viejo paradigma se tambalea y empieza a caer por su propio peso, y mientras muchos se van sintiendo cada vez más agitados y alienados intentando aferrarse desesperadamente a los caducos engranajes de un mecanismo insostenible, muchos otros ya han empezado a abrazar con una sonrisa teñida de esperanza el cambio de era, dándole la vuelta a los rígidos patrones impuestos durante siglos, y abrazando toda una serie de valores realmente humanos; esto es, abriendo el corazón, mirando de igual a igual a nuestros semejantes y tomándonos de las manos con firmeza para encarar unidos la promesa de un futuro radiante.

Y es en medio de todo esto donde se ajusta a la perfección y cobra pleno sentido la enigmática “llamarada radiante” de la que hablaban los mayas y que citábamos al principio, entendida ahora mejor como esa gran fuerza vibracional que, más allá de terremotos y cataclismos de película, puede ser capaz de provocar “fenómenos sísmicos” en nuestra realidad cotidiana, haciéndola saltar en pedazos, si nos negamos a vivir desde el ámbito de la conciencia el inevitable fenómeno cósmico-planetario que, nos guste o no, ya se avecina. Transformarse o sucumbir, aferrarse o fluir… La elección, como siempre, está en nuestras manos.

Más información:

Documental “2012: ciencia o superstición”

Video “Entendiendo lo que pasará en 2012”

“El amanecer de la era de Acuario”

“El misterio de 2012” (1) (2) (3)

“Autodestrucción o transformación”

“¿Qué es cambiar de Era?”

“El papel de la mujer en la era de Acuario”

“2012, la película”

“Viaje al origen de la profecía”

“El apocalipsis es una fiesta”

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