“Lo que más me duele es que en Gaza yo grabé algo que debería tener consecuencias y no ha sido así”. Son palabras de Alberto Arce, periodista gijonés de 32 años que acaba de presentar su nuevo documental, ‘To shoot an elephant”. Una pieza que narra su experiencia como periodista empotrado en una ambulancia palestina durante la Operación Plomo Fundido. El pasado mes de diciembre Israel prohibió el acceso de la prensa internacional en Gaza, pero Alberto Arce consiguió burlar ese bloqueo y contar, escribir y grabar sobre el terreno lo que estaba sucediendo. El documental, ha sido galardonado con el premio a la mejor dirección del Festival dei Popoli de Florencia para Alberto Arce y Mohammad Rujailah (Lee la entrevista en Canal Solidario)

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Lee a continuación el artículo de Marwan A. Diab (encargada de las Relaciones Públicas del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza):

15/11/09

Nueve meses después de la feroz invasión de Gaza y más de dos años
después de un implacable asedio, Gaza está a un paso del abismo. Ningún
aspecto de la vida pública o privada ha escapado a los estragos de la
guerra, la pobreza, el paro, la destrucción y el aislamiento.

La guerra de Israel en Gaza afecta a todo y a todos. Se destruyeron o
destrozaron veinte mil hogares y toda la infraestructura civil. Murieron
más de 1.400 personas y más de 5.000 resultaron heridas, y la mayoría
eran civiles. Centenares de padres, madres hijos e hijas, fueron
asesinados o reventaron bajo la explosión de las bombas, o ardieron
hasta morir por la utilización de armamento con fósforo blanco.

Una población furiosa, desolada y traumatizada lucha para hacer frente a
la pérdida y la agonía. La magnitud del sufrimiento ha sobrepasado la
capacidad institucional para prestar apoyo terapéutico.

El bombardeo y el bloqueo de Gaza la han reducido a un páramo económico.
Las fábricas están en ruinas, los cultivos son arrancados por las
excavadoras israelíes, los pescadores se mantienen cerca de la orilla y
son atacados a tiros por las patrullas navales si se aventuran demasiado
lejos. Una abrumadora mayoría de los residentes de Gaza está en el paro,
y el 80 por ciento depende de los alimentos donados por organizaciones
internacionales de ayuda.

Más allá de un salario, el empleo remunerado es la clave para el orgullo
personal, poderse casar, tener un hogar y una familia. Estas
expectativas normales se han convertido en lujos que ahora están fuera
del alcance de casi todos.

El paso de la autosuficiencia a la dependencia ha desatado una cascada
de problemas sociales, incluyendo una epidemia de violencia doméstica.
Los chicos, que ven a sus padres humillados por la inactividad en lugar
de orgullosos y productivos, encuentran un modelo de escape en la lucha
de la resistencia armada.

Muchas escuelas fueron dañadas o destruidas y las aulas sufren graves
condiciones de hacinamiento. Los maestros están mal pagados y
desmoralizados. Sin recursos, poco pueden hacer aparte de imponer la
disciplina.

Los estudiantes universitarios se enfrentan el aumento de la matrícula
que sus familias no pueden permitirse. El asedio ha interrumpido el
intercambio con profesores y profesoras de otros países, y mantiene a
los estudiantes y profesionales intelectualmente aislados. Menos del uno
por ciento de los jóvenes pueden permitirse estudiar en el extranjero.

El asedio de Gaza ha obligado literalmente a recurrir a la economía
sumergida. Un flujo constante de productos de contrabando pasa por un
gran sistema de túneles entre Rafah y Egipto. Mientras que el mercado
negro proporciona los bienes necesarios, se ha generado una élite
empresarial que se beneficia del caos, acapara productos y marca sus
propias reglas. Los que “administran” los túneles buscan mano de obra
barata y obligan a los niños de familias necesitadas a trabajar largas y
peligrosas jornadas, a menudo bajo la influencia de drogas para
mantenerlos alerta.

*El castigo colectivo*

Ninguno de estos sufrimientos es accidental. Israel libró una guerra
salvaje y sigue imponiendo un asfixiante asedio para degradar, intimidar
y aislar a un millón y medio de personas en la esperanza de que
aceptarán la derrota total. El Informe Goldstone
<http://www2.ohchr.org/english/bodies/hrcouncil/docs/12session/A-HRC-12-48.pdf>
documenta la naturaleza criminal de este castigo colectivo.

Poderosos intereses han tratado de ignorar, minimizar y rechazar este
informe junto con la desesperada situación que se vive en Gaza. Nuestra
tarea es presionar para la rendición de cuentas, para poner fin a la
impunidad y para la plena aplicación del derecho internacional.

Las personas que han hecho su profesión de la atención a la salud mental
comprenden la naturaleza patológica de la crueldad y sus terribles
efectos a largo plazo sobre las víctimas y los perpetradores. En el Día
Mundial de la Salud Mental, pedimos su ayuda para poner fin de inmediato
al asedio israelí, ayuda de emergencia para la reconstrucción de Gaza y
la reparación para el pueblo de Palestina.

*Marwan A. Diab* trabaja en salud mental y es la persona encargada de
las Relaciones Públicas del Programa de Salud Mental de la Comunidad de
Gaza (GCMHP): Gaza Community Mental Health Programme
<http://www.gcmhp.net/>

Traducción para DEMPEUS: Àngels Martínez