Hablo con mi amante más íntimo, y me digo, ¿por qué tanta prisa?
Sentimos que existe algún tipo de espíritu que ama los pájaros, los animales y las hormigas.
Quizá el mismo que te ha otorgado el resplandor en el vientre de tu madre.
¿Es lógico que estuvieras caminando ahora por los alrededores completamente huérfano?
La verdad es que te diste la espalda ti mismo,
y decidiste entrar solo en la oscuridad.
Ahora estás enredado en los demás, y has olvidado lo que una vez supiste,
y es por eso que cada cosa que haces termina dejándote una extraña sensación de vacío. (Kabir)

¿Qué fue eso que supe una vez? ¿Supe ser feliz? ¿Creí en mí mismo? ¿Supe cómo dar y cómo amar? ¿He dejado tras mi ausencia un sentimiento de paz y bienestar? Esas son ahora mis preguntas – como lo han sido siempre.

Así que vuelvo a empezar. Y me pregunto a mí mismo, “¿Cuándo fue que supe esas cosas?” ¿En qué lejana tierra, en qué lugar distante supe todo lo que parezco haber olvidado? ¿Cuándo fue el momento, en qué espacio existió todo ese conocimiento? ¿Era diferente entonces de quien soy ahora? Porque es ahora cuando me parece difícil recordarlo…

Quizá en mis sueños he visitado ese lugar y me he visto a mí mismo viviendo esa realidad. Pienso que tiene que haber habido momentos en los que pude comprender y en los que pude sentir su presencia penetrando mi existencia. ¿No fueron momentos en los que sentí el amor y su abrigo? ¿Cuándo supe cómo dar amor y lo vi volviendo hacia mí? ¿Fue entonces cuando el amor se trataba de dar? Cuando me preocupaba tanto por ti que quería que tuvieras todo lo que estaba dentro de mí. Lo entregaba con libertad. Sentía que era natural hacerlo. En ese momento había armonía. Yo creaba la armonía. No existía división, no había discordia, ningún lamento de dolor, sólo lo opuesto era la verdad. Había paz. Estaba en paz conmigo mismo. Que sentimiento tan increíble era ¬¬– estar en paz conmigo mismo. En ese momento no hablábamos de lo correcto o incorrecto, no buscaba tus defectos y, a cambio, no me sentía culpable o criticado. Era feliz. Era feliz porque podía hacerte feliz, aunque fuese sólo por un instante en el tiempo.

Hay quienes dicen que el tiempo no existe, que en realidad somos nosotros quienes percibimos el movimiento del tiempo conectando los sucesivos eventos de nuestras vidas. Quizá, el tiempo sea sólo nuestra sensación de lo que se ha perdido y de lo que desesperadamente tratamos de recuperar. Así que gastamos todo nuestro tiempo llenándolo con cosas que hacer y lugares a los que ir. Estamos tan ocupados que simplemente no nos queda tiempo ni espacio para ir más allá de las barreras de nuestras limitaciones. Estamos atrapados en una energía, como un vórtice que no produce nada realmente perdurable o que nos da la paz que estamos buscando. Nuestras vidas parecen haber dejado de crear vida. Así que simplemente vivimos. La vida es eso que está respirando y sucediendo a nuestro alrededor, pero no podemos ver, oír, ni sentir su presencia. Poco a poco, a medida que vamos creciendo y supuestamente madurando, vamos perdiendo nuestra habilidad de sentirla. No puedo vivir para hoy, porque he olvidado lo que es sentir lo que está pasando conmigo, contigo, a todo mi alrededor en este preciso instante de tiempo.

Es como perder el hilo. Solemos decir, “He perdido el hilo de la discusión o de la conversación”. Y con frecuencia dejamos escapar, “No te sigo”. ¿Cómo puede ser posible que deba admitirlo en voz alta, e incluso decirme a mí mismo que no te sigo? ¿Esto no quiere decir que hemos perdido la conexión? Incluso podrías decir que no estoy “en línea” contigo. Estoy en otra parte y no estamos vibrando de la misma manera, ni produciendo el mismo sonido. Nuestra resonancia crea discordia, lo que es por definición la ausencia de armonía. El hilo, que es pequeño y muy fino, es el mismo que me une a la esencia fundamental de lo que soy. Me une a la interconexión del universo. Es así como podemos encontrarnos el uno al otro. Sí, es una verdad sutil, es frágil y quizá un tanto transparente para que no sea siempre fácil de ver, pero eso es lo que le da la fuerza y lo que la hace increíblemente sorprendente, volviéndose tan grande que debemos encontrarle por sobre todas las cosas en la vida.

Lo que está vivo en ti es la esperanza queriendo romper las cadenas de tus limitaciones, e impidiéndote ser libre, ser tú. Nuestro más preciado bien como humanos, la libertad, está perdido y de alguna manera necesitamos volver a encontrarle. Puede que nos lo hayamos hecho a nosotros mismos, perdiendo nuestro sentido de libertad con nuestra incesante actividad o tal vez nunca supimos de su presencia en nuestras vidas. Quizá se perdió en el conflicto que vemos a nuestro alrededor, o en el llanto silenciado de la indiferencia de aquellos que jamás pensaron que fuese real o incluso posible. Pero ¿cuál es mi “aprendizaje” ahora?, ¿qué estoy buscando?, ¿no deben mis esfuerzos llevarme hacia el objetivo de la libertad, en lugar de sentir que me muevo en dirección equivocada, o que el tiempo se mueve en dirección equivocada?

La libertad debe ser la expresión de, desde lo más profundo de nuestra alma, todo lo que es noble dentro de nosotros. Noble porque representa todo lo que es bueno, justo y honrado. Es sinónimo de nuestro concepto de valor, pegado a alguna parte de nuestra psique para que pueda mostrar su cara y podamos entender nuevamente lo que es vivir nuestras vidas con coraje.

¿La libertad no contiene también en si misma “propósito? Eso que tiene un propósito tiene sentido en sí mismo, un significado. Así que nos preguntamos, “¿Qué propósito puede haber cuando nuestras acciones crean discordia o son violentas en cualquiera de sus muchas formas?” Crear sentimientos hirientes en los corazones de otros y perder nuestro propio sentido de identidad en el proceso, no puede, nuevamente por definición, tener algún propósito. Bajo la misma idea, no puede tener mucho sentido vagar tan lejos de creer en nosotros mismos como individuos o seres humanos. Sin embargo, a lo largo de los muchos caminos que acabamos tomando en la vida, repletos de todos nuestros impulsos y objetivos por encontrar la felicidad, muchas veces no encontramos eso que estamos buscando o peor aún, hallamos en su estela únicamente la ausencia de propósito y libertad. Es un vacío del alma que nos deja confusos, necesitados y dudosos.

Entonces, como dice Kabir, “¿Por qué tanta prisa?” Es una pregunta que sólo podemos plantear a nuestro “amante interior”, a nuestra alma. Porque es en ese santuario interno, más allá de nuestras limitaciones mundanas, donde somos capaces de abordar la pregunta. Nos sentimos envalentonados a cambiar el rumbo de las cosas, y es precisamente esa sucesión de acontecimientos en nuestra vida lo que ha creado nuestra sensación de tiempo y, a la larga, la pérdida de aquello que es importante para nosotros.

Permíteme aprender de nuevo, entonces, a cambiar el curso de mi vida impulsado por la ansiedad. A parar y saborear el fruto de cada uno de los momentos de la vida. A no ir tan de prisa, tan acosado o violento en mi valoración de lo que está sucediendo en mi interior y a mi alrededor. Déjame tomarme un momento para respirar y volver a llenarme de vida y de la vitalidad que me espera en todas partes. Déjame sentir el pulso de la vida fluyendo y llevándome consigo en su viaje infinito y sorprendente. Permite que mi plegaria sea no perder la conexión, el hilo interno que define quién soy realmente. Y, en esa comprensión, deja que salgan todos mis miedos y demonios internos, y también esas limitaciones autoimpuestas para ser como deseo ser – de verdad. Permíteme ser libre para experimentar lo que es puro y noble dentro de mí, para no perder el contacto con esos mismos atributos en ti. Permíteme abrir las puertas, nuevamente, a todo el aprendizaje que está dentro de mí y que me dice lo que es divino e infinito, universal y verdadero, y lo que me une a ti.

Porque mi aprendizaje, es el aprendizaje de mi espíritu y su anhelo de ser libre. Yo sé que mi espíritu, en su máxima expresión de ser, no puede escapar de las fronteras del amor, ni quiere hacerlo. Es la única limitación que aceptaré. Todos los demás límites son inútiles para mí. Mi amor es como el sistema solar y todos los planetas y estrellas contenidos en él – tan grande como puedo imaginar. A partir de ahora, será la única fuente de la que beberé. Es lo único que puede calmar mi sed. He llegado a la conclusión de que no deseo ningún otro sabor. Mientras mi anhelo crece y yo me hago más fuerte, mientras mi “yo” se funde con los espíritus que fluyen en todos los objetos, a través de todas las personas, yo me vuelvo uno conmigo y uno contigo.

Comienza y termina con un pensamiento diferente, con un nuevo pensamiento, una vislumbre del futuro, quizá de un mundo diferente y de una realidad diferente, para decirme que el amor es lo único que importa. Se convierte en mi único camino.

Como cualquier camino con algún carácter espiritual determinado, tiene sus propias reglas que debo seguir. Debo disciplinarme a mí mismo para no separarme del abrazo del amor. Para no caer en las trampas y lagunas de mi mente negativa. Requiere que deje atrás todo sentimiento de codicia en mi relación contigo, y con todos vosotros. Más bien, déjame poseer sólo eso que considero de valor, con sus raíces firmemente plantadas en las tierras de mi corazón. Permíteme ir más allá de la rabia que sigue estando dentro de mí, arrancarlo como una hierba venenosa. Permíteme abrir mi corazón a toda la bondad y compasión que reside en mí, para que pueda sentir tu daño y confusión y ayudarte a ir más allá. Déjame permanecer en la claridad de mis pensamientos que me marcarán el camino y que siguen la luz de las estrellas. Por encima de todo lo que pueda considerar importante en esta vida, permíteme creer en mí mismo. Mi compromiso, entonces, es que todos mis actos estén imbuidos en la fuerza de la paz. Porque he llegado a comprender que la paz fomenta la paz. El amor sólo puede asociarse con la paz, ya que está intrínsecamente conectada con la cultura y el aprendizaje. Permite que mi misión sea cultivar la clase de aprendizaje que me una con la verdadera comprensión y con la naturaleza del tiempo y el espacio, y los eventos que los ocupan. Permite que mi espíritu rebose en coraje para sentarme a reflexionar profundamente sobre todo el conocimiento verdadero que está en mi interior… que una vez supe y puedo haber olvidado.

“Aprendiendo lo que una vez supe y puedo haber olvidado”

Hargobind Singh (www.hargobindsingh.com)

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