Resulta fácil sentirse impotente al vivir a la sombra de los intereses políticos, consumistas y empresariales que ejercen poder sobre nuestras vidas y sobre el entorno. Cuando nos preocupamos por la situación en que se encuentra el mundo natural, instintivamente surgen en nosotros determinadas preguntas: «¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo introducir cambios? ¿Cómo conseguir que se escuche mi voz? ¿Cómo puedo llevar una vida sátvica*?».

La respuesta de Mahatma Gandhi fue muy sencilla y directa: «Sé el cambio que quieres ver en el mundo». Si no existe un cambio personal, la transformación política y empresarial seguirá siendo superficial e inadecuada. Está claro que sin que medie la acción individual esos cambios mayores nunca tendrán lugar. El cambio político sólo llegará cuando haya un gran número de personas que empiecen a practicar lo que creen. Cuando haya un mar de fondo de opinión lo bastante grande, cuando en el fundamento de todas las cosas haya muchas personas que actúen, los gobiernos se verán obligados a promulgar nuevas leyes y a forzar transformaciones de arriba abajo.

Todos podemos dar esos pocos pasos sencillos para combatir los valores rajásicos* del consumismo, abordar el problema del calentamiento global y empezar a vivir una vida llena de alegría:

1. Cambiar nuestra actitud

Nuestra cultura industrial se centra en el ser humano y es utilitaria. Valoramos la naturaleza por la utilidad que tiene para nosotros. Si queremos tener un futuro sostenible, hemos de cambiar este punto de vista. Hemos de admitir que toda vida tiene un valor intrínseco. Sin cambiar nuestra actitud personal hacia el mundo natural no podremos obtener un estilo de vida sátvico*. En lugar del cálculo utilitario, necesitamos un paradigma del mundo reverente, respetuoso. Entonces destruiremos, envenenaremos y mataremos menos, y protegeremos, respetaremos y celebraremos más.

2. Vivir con sencillez

El alto estándar de vida — medido por el dinero y la adquisición económica – se ha convertido en el todo y en el fin de la sociedad moderna. Para llevar una vida respetuosa con el medio hemos de buscar la calidad de vida. Dicho de una forma más directa: hemos de empezar a vivir con mayor sencillez, de modo que otros puedan, sencillamente, vivir. Cualquier necio puede complicarse la vida; hace falta inteligencia para simplificarla.

3. Consumir menos

Hace cincuenta años la población mundial era de tres mil millones de personas. Ahora se ha duplicado, y los seres humanos, según su índice de consumo actual, exceden la capacidad de la tierra, algo por lo que tendremos que asumir una responsabilidad personal. Alguien que viva en occidente consume cincuenta veces más que una persona del Tercer Mundo; esto, en la práctica, significa que la población occidental se multiplica por cincuenta. Por tanto, debes vivir con más sobriedad, tomando de la naturaleza sólo lo que haga falta, de modo que dejes una huella menos profunda en el mundo. «En el mundo hay suficiente para las necesidades de todos, pero no para la codicia de todos», dijo Mahatma Gandhi.

4. No malgastar

El hecho de malgastar es un pecado contra la naturaleza, una maldición de la vida moderna y una cualidad tamásica* de primer orden.

Cada día se arrojan al mundo natural millones de toneladas de desperdicios, algo que el mundo no puede asimilar. La montaña de encimeras, lavadoras, neveras, ordenadores y televisores crece seis millones de toneladas al año, un índice que se espera que se duplique en 2010; la mayor parte acaba enterrado, desperdiciando recursos y creando riesgos para la salud y para el medio ambiente. Millones de botellas y de bolsas de plástico atascan y asfixian el sistema, contaminando ríos y océanos. Por tanto, usar objetos de segunda mano, reparar y reciclar deben considerarse grandes virtudes sátvicas*. Un paso muy sencillo consiste en reutilizar las bolsas de plástico, o coger una bolsa de tela cuando vamos de compras. Otro es redescubrir la vieja máxima «arréglatelas y arregla», resistiéndose a la tentación de reemplazar los utensilios (encimeras y aparatos viejos) y los muebles cuando los viejos aún puedan ser de utilidad. Al hacerlo, asestaremos un golpe al consumismo.

5. No usar productos perjudiciales

Cuando limpiemos la casa y lavemos la ropa, usemos productos orgánicos, que no contaminen el medio ambiente. Al edificar, elaborar prendas de vestir y muebles, demos preferencia a los materiales naturales y locales.

6. Caminar

Nuestras vidas han llegado a depender de los coches, incluso para cubrir distancias cortas. Esta falta de ejercicio favorece la obesidad y la mala salud. Vivimos en casas, nos desplazamos en coches y trabajamos en oficinas; apenas entramos en contacto con el mundo natural. Pero si no conocemos, no vemos y no experimentamos la naturaleza, ¿cómo podremos amarla? Y si no amamos la naturaleza, ¿cómo podremos protegerla? Por tanto, pasear en la naturaleza, dedicar unas vacaciones al senderismo o ir andando al trabajo pueden ser una vía de acceso real a la vida sátvica*.

7. Hacer el pan

Gandhi defendía la elaboración en casa de las prendas de vestir, hilando y tejiendo, como una forma de desafiar al consumismo, entroncarnos en la tradición y proclamar las virtudes de la simplicidad. Para nosotros, hacer nuestro propio pan puede cumplir el mismo propósito.

8. Meditar

Nuestras vidas son demasiado ajetreadas y estresantes. La presión del trabajo, la búsqueda del éxito, el intento de mejorar, de asimilar el exceso de información. . . todo esto aumenta nuestro nivel de estrés. Para recuperar el equilibrio, hemos de tomarnos algún tiempo durante el día para renovarnos, para desarrollar nuestra alma, para reflexionar, para dedicarlo a la creatividad y para mantener una relación correcta con el mundo natural, de modo que podamos desarrollarnos y crecer. Cada día, durante al menos media hora, necesitamos estar solos, en calma y en silencio, para que el resto del día se fundamente en la tranquilidad sátvica*.

9. Trabajar menos

A pesar de la producción en masa, la industrialización, la automatización y la mecanización, padecemos un exceso de trabajo y a menudo estamos agotados. Con demasiada frecuencia, cuando la gente vuelve a casa del trabajo no tiene fuerzas más que para sentarse delante del televisor. A pesar de nuestra salud y de nuestro crecimiento económico sin precedentes, nuestro trabajo nos esclaviza. Para gozar de un futuro sostenible hemos de trabajar menos, hacer menos, gastar menos y ser más. Reduzcamos el ritmo y vayamos más lejos. Del mero hecho de existir nacerán relaciones personales, celebraciones y alegría. La vida sostenible es una vida gozosa. El sistema actual de deudas, pago de hipotecas y otras obligaciones nos lleva a trabajar más, pero si fuéramos conscientes, podríamos rediseñar nuestras vidas para crear un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida. ¡Querer es poder!

10. Estar informados

Nadie puede trazar un plano para llevar una vida sátvica*; cada uno de nosotros debe desarrollar sus propias ideas. Pero hemos de edificar sobre todos los nuevos pensamientos en este campo. Hay libros, revistas y cursos que pueden ayudarnos. Hemos de encontrar un momento para estudiar.

11. Organizarse

Los intereses creados siempre encontrarán un modo de engañar a las personas y de buscar unos beneficios y un poder que perjudiquen al mundo. Por tanto, hemos de estar despiertos y alertas, y denunciar los actos explotadores de los poderosos: ¡digamos la verdad a quien ostenta el poder! Pero esas protestas no pueden ser individuales; hemos de solidarizarnos con las organizaciones que luchan por un futuro sostenible. Elige una organización que encaje con tu forma de ser, y colabora con tu comunidad local. Forma un grupo local e interésate en la política local, organiza, expresa y comparte tus inquietudes con otros.

Satish Kumar (Fuente: Revista Namasté)

*Sattva es inteligencia y mantiene el equilibrio. Rajas es energía y produce desequilibrio. Tamas es sustancia y crea inercia (Según el hinduismo, las gunas son las tres cualidades de las que está compuesto el universo)

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