La liberación de los dos miembros de la ONG Barcelona-Acció Solidària que aún se encontraban secuestrados por la organización terrorista Al-Qaeda en el Magreb desde finales del año pasado se ha convertido en una de las grandes noticias del verano. Cinco meses después de que la otra secuestrada de la entidad catalana fuera puesta en libertad, el fin del cautiverio de Roque Pascual y Albert Vilalta ha levantado ahora una gran polvareda y confusión en torno al concepto de cooperación y sus diferentes modelos aplicables. Aprovechando la ocasión, Bea Cabrero, miembro de SETEM Catalunya que realiza tareas de cooperación en El Salvador, nos expone en el siguiente artículo una interesante reflexión sobre qué significa realmente “ser cooperante”:

Viendo las recientes noticias publicadas con motivo de la liberación de los “cooperantes” catalanes secuestrados en el Magreb, me doy cuenta que mi abuelita también fue cooperante durante la mitad de su vida.

Mi abuelita organizaba, dos veces al año, sendas caravanas solidarias. Coincidiendo con el cambio de estación, recogía toda la ropa y zapatos de invierno/verano que ya no iban a utilizar sus nietos y nietas (y que no podíamos aprovechar-reciclar entre primos y primas…) y organizaba “containers” según el contenido. También se esmeraba en la parte logística, convocando algunos y algunas nietas para que, equipadas con potentes y ecológicos carritos, emprendiéramos la ruta de cinco manzanas que nos separaba de la parroquia del barrio, contraparte local que repartía a su vez la “ayuda humanitaria” a familias necesitadas.

Evidentemente existen muchas formas de entender la solidaridad y el concepto de desarrollo. Las formas de cooperación han variado mucho desde que mi abuelita empezó con sus caravanas, pasando de ese paternalismo/asistencialismo hasta el famoso “enseñar a pescar” de hoy en día. Pero sí deberíamos ponernos serias a la hora de identificar una labor que se ejerce profesionalmente, de otra que se realiza esporádicamente y de forma voluntaria. No juzgo las motivaciones ni buenas voluntades de cada quien, siempre son acciones respetables, aunque los resultados no sean siempre los deseados.

Ser cooperante implica conocer el terreno donde se desarrolla el proyecto, vivir, analizar, intentar entender y sufrir diariamente las circunstancias y contextos de las personas, auténticas protagonistas y razón de ser de tu trabajo. Con visitas o contactos esporádicos difícilmente podrás conocer su realidad, sus verdaderas necesidades y por tanto difícilmente podrás garantizar el éxito de la cooperación. Ser cooperante es retroalimentarse: comprometerse y defender los intereses del “público beneficiario” respetando las reglas del juego impuestas por las financiadoras a quienes tenemos que rendir cuentas. A veces resulta bastante complicado mantener ese equilibrio entre dos realidades tan lejanas.

Personalmente me cuesta mucho creer que un Director General de las empresas Túneles y Accesos Barcelona (Tabasa) y Túneles del Cadí, sea también cooperante. Creo que son dos actividades difíciles de simultanear. Más bien creo que este empresario dedica parte de su tiempo libre a acciones solidarias, lo cual es muy loable. Pero según mi punto de vista, más loable sería todavía si este tipo de voluntariado, se complementara coherentemente con actividades realmente comprometidas en promover cambios para una mayor justicia social.

Todas y todos, mediante pequeños gestos diarios, podemos ser “tan cooperantes como mi abuelita”, siendo auténticos agentes de cambio y convirtiéndonos en miembros de una auténtica sociedad solidaria.

Para convertirnos en ciudadanos y ciudadanas, consumidores y consumidoras coherentes y responsables cuyo fin último va más allá de simplemente saciar una necesidad, debemos esforzarnos en cuestionar todo cuanto nos rodea. Por ejemplo, ante una simple y cotidiana decisión de compra, podemos preguntarnos: ¿Quién produce este producto?, ¿en qué condiciones? (¿la pelota de futbol que pensaba regalarle a mi hijo la cosen niños y niñas más pequeños que él?), ¿de dónde viene? (¿es mejor la sandia japonesa que ha tenido que cruzar medio mundo a la sandía que cultiva el pagés de Girona?), ¿la empresa productora/distribuidora respeta los derechos laborales tal como exijo que hagan conmigo?, ¿del dinero con el que pago, quien se lleva la mayor parte?, ¿el productor?, ¿algún intermediario?, ¿la distribuidora?, ¿la empresa X que necesita millones para bombardearnos con publicidad…?

¿Compro ese imponente, costoso y contaminante 4×4 aunque nunca vaya a salir de la ciudad?, ¿voy a trabajar solita en mi coche o mejor mitigo mi “huella ambiental” utilizando el transporte público?, ¿dónde invierte mi banco mis ahorros?, ¿realmente necesito actualizar mi móvil cada vez que sale un modelo nuevo?, ¿los recientemente firmados acuerdos comerciales de Europa con países y regiones centroamericanas en qué me van a beneficiar como ciudadana de a pie?, ¿por qué ha habido tanto secretismo alrededor de las negociaciones previas…?

A diferencia de los resultados obtenidos por llamativas caravanas solidarias, actitudes y pequeños gestos como estos pueden hacer la diferencia y provocar los cambios esperados para disminuir las permanentes y crecientes desigualdades que nos permitan alcanzar un mundo más justo.

Bea Cabrero, Cooperante de SETEM CATALUNYA en El Salvador

San Salvador, 1 de septiembre de 2010

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“Cuidado con la solidaridad”

“Entrevista al presidente de la Federació Catalana d’ONGs”

“La cara (-vana) solidària de la cooperació”

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