“Cuando hablo de amor y compasión no lo hago como budista, ni como tibetano, ni como Dalai Lama, sino como un ser humano que habla a otro ser humano. Espero que en este momento pienses en ti como un ser humano y no como un americano, un asiático, un europeo, un africano o un ciudadano del país que sea. Estas lealtades son secundarias. Si tú y yo encontramos un terreno común como seres humanos, nos comunicaremos a un nivel básico. Si yo digo «soy monje» o «soy budista», estos aspectos, comparados con mi naturaleza humana, son temporales. Ser humano es fundamental, la base a partir de la cual todos crecemos. Tú has nacido ser humano y eso es algo que permanece inalterable hasta la muerte. Todo lo demás si eres joven o viejo, rico o pobre, culto o inculto- es secundario…”

Fuente: Mundo Nuevo

Solucionar problemas

En las ciudades grandes, en las granjas, en los lugares remotos, en el campo, la gente siempre está ocupada. ¿Por qué? A todos nos mueve el deseo de obtener felicidad. Eso está bien. Sin embargo, debemos tener presente que un exceso de implicación en los aspectos superficiales de la vida no resolverá el problema de la insatisfacción. El amor, la compasión y el interés por los demás son las verdaderas fuentes de felicidad. Si las tienes, no te afectarán ni las circunstancias más incómodas. Pero si alimentas el odio no serás feliz aunque vivas rodeado de lujos. Por tanto, si realmente queremos felicidad, debemos ampliar la esfera del amor.

Es una cuestión tanto de pensamiento religioso como de sentido común. La ira no se puede vencer con ira. Si una persona muestra ira hacia ti y tú respondes con ira, el resultado será desastroso. En cambio, si controlas tu ira y muestras el sentimiento opuesto amor, compasión, tolerancia y paciencia, no solo conservarás tu paz interior, sino que la ira del otro se irá apagando poco a poco. Nadie puede negar que cuando hay ira, la paz interior es imposible. Solo a través de la bondad y el amor puede alcanzarse esa paz.

Los seres humanos son los únicos seres con capacidad para juzgar y razonar; comprendemos cuáles son las consecuencias y pensamos a largo plazo. También es cierto que los seres humanos pueden desarrollar un amor infinito, mientras que, que nosotros sepamos, los animales solo pueden sentir afecto y amor de forma limitada. No obstante, cuando los seres humanos se irritan, todo ese potencial se pierde. Ningún enemigo armado solo con armas puede anular esas cualidades, mientras que la ira sí puede. La ira destruye.

Si lo observas detenidamente, verás que el plan de nuestras acciones se halla dentro de la mente. Las actitudes contraproducentes no surgen por sí solas sino por culpa de nuestra ignorancia. También el éxito se halla dentro de nosotros. De la disciplina, la conciencia y la comprensión clara de los efectos negativos de la ira y los efectos positivos de la bondad surgirá la paz. Por ejemplo, actualmente quizá seas una persona que se irrita con facilidad. Sin embargo, con una comprensión y una conciencia claras puedes debilitar tu irritabilidad y, a renglón seguido, reemplazarla. El propósito es preparar el terreno para esa toma de conciencia a partir de la cual puede crecer el verdadero amor. Necesitamos cultivar la mente.

La verdadera religión

Todas las religiones transmiten mensajes de amor, compasión, sinceridad y honestidad. Cada sistema busca su propia manera de mejorar la vida de todos nosotros. No obstante, si damos demasiada importancia a nuestra filosofía, religión o teoría, si nos apegamos demasiado a ella e intentamos imponérsela a otras personas, surgirá el conflicto. Prácticamente a todos los grandes maestros, entre ellos Buda Gautama, Jesucristo, Mahoma y Moisés, les motivaba el deseo de ayudar a sus semejantes. No buscaban el beneficio personal, ni crear más conflicto en el mundo.

Tal vez la religión se ocupe de cuestiones filosóficas profundas, pero el fundamento de la religión es el amor y la compasión. La práctica del amor me proporciona paz interior y ayuda a otras personas. Las personas necias y egoístas siempre están pensando en sí mismas y el resultado siempre es negativo. Las personas sabias piensan en los demás, ayudan en todo lo que pueden y el resultado es la felicidad. El amor y la compasión son beneficiosos tanto para ti como para los demás. A través de tu bondad hacia otros tu mente y tu corazón se abrirán a la paz.

Extender este estado interior a la comunidad que te rodea generará unidad, armonía y cooperación; extender esta paz a las naciones y de ahí al mundo generará confianza y respeto mutuo, comunicación sincera y, por último, esfuerzos colectivos para resolver los problemas del mundo. Todo esto es posible. Pero el cambio debe producirse primero en nosotros.

Cada uno de nosotros es responsable de la humanidad en general. Es preciso que nos veamos como auténticos hermanos y hermanas, y que nos interesemos por el bienestar común. Debemos tratar de reducir el sufrimiento de los demás.

En lugar de trabajar únicamente para enriquecernos, es preciso que hagamos algo positivo, algo verdaderamente dirigido al bienestar del conjunto de la humanidad.

Actuar llevados por la compasión y el amor, respetar los derechos de los demás: he ahí la auténtica religión. Vestir una túnica y hablar de Dios pero pensar egoístamente no es un acto religioso. En cambio, un político o un abogado que se preocupa verdaderamente por la humanidad, que hace cosas que benefician a otros, práctica sinceramente la religión.

El objetivo debe ser servir a los demás, no dominarlos. Las personas sabias practican el amor. Como dice el erudito y yogui indio Nagarjuna en su Guirnalda de joyas:”Después de analizar en profundidad todas las acciones del cuerpo, el habla y la mente, quienes perciben cuáles son beneficiosas para él y los demás y siempre las ponen en práctica, son sabios.”

Un acto religioso tiene una motivación positiva, se hace pensando sinceramente en el beneficio de los demás. La religión está presente en nuestra vida cotidiana. Si dirigimos nuestra vida pensando en el bien del mundo, estamos llevando una vida religiosa.

Esta es mi religión, una religión sencilla que no necesita templos ni complejas filosofías. Tu propia mente, tu propio corazón, es el templo; tu filosofía, la simple bondad.

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Tenzin Gyatso es el XIV Dalái Lama del Tíbet, también llamado “portador del loto”, líder religioso del Budismo Tibetano. Desde que a la edad de cinco años fue reconocido como la reencarnación de su predecesor, el XIII Dalai Lama.

En 1989 el Parlamento noruego le concedió el premio Nobel de la Paz. Actualmente, Tenzin Gyatso, se define a sí mismo como “un simple monje”, viaja por todo el mundo haciendo llegar la voz del pueblo tibetano y dando valiosas enseñanzas budistas. Reputado por su jovialidad, su estilo enérgico y profundo, y su erudición, ha dado frecuentes alocuciones públicas que han sido transcritas en más de un centenar de libros.

Mundo Nuevo

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