Autor: Ramón_27

Indignación -más aún, si cabe-, incredulidad y pena. Mucha pena. Pero también esperanza y la reafirmación de una fuerte convicción: la fe en la noviolencia, y por extensión, en la PAZ, como único camino posible a seguir -tal y como ya nos recordaba Gandhi-. Estos han sido los principales sentimientos que se han despertado en mi interior al tener constancia del reciente y brutal intento de desalojo por parte de la policía catalana de la concentración de ciudadanos que desde hace días acampan pacíficamente en el centro de Barcelona –así como en muchas otras plazas y foros de España y también en una creciente parte del extranjero-. Y por mucho que se quiera maquillar o confundir, el motivo no ha sido otro que la gran incomodidad que está generando en las altas instancias de poder el despertar de un pueblo que, ahora ya sí, por fin, parece decidido a reclamar el fin de un sistema político-económico cruel, injusto y totalmente deshumanizado.

La dimensión de los acontecimientos que se suceden estos días en nuestras ciudades, y los que ya empezaron meses atrás con los aires de revolución en el mundo árabe, es realmente enorme. Por primera vez, en mucho, muchísimo tiempo, grandes y crecientes cantidades de personas se están coordinando y poniendo de acuerdo para plantar cara al yugo de la dominación moderna y tejer las bases de un cambio estructural en mayúsculas. El alcance que puede llegar a tener todo este movimiento aún es muy incierto, pero en relación a esto, me muestro totalmente de acuerdo con el gran Eduardo Galeano: lo más importante no es lo que puede pasar, sino lo que YA ESTÁ PASANDO.

Mi apoyo a la causa es absoluto; cien por cien a nivel ideológico, siempre que puedo a nivel presencial y espero que cada día pueda serlo un poco más también a nivel enteramente participativo. Este fin de semana he estado en la organización de un retiro de Yoga en la naturaleza y no he podido seguir de modo directo la actualidad de las concentraciones, pero igualmente me he sentido energéticamente muy presente enviando, junto a mis compañeras y compañeros, vibraciones llenas de fuerza, luz, amor, paz, esperanza… Costaba tanto entender la represión teñida de odio y violencia que nos llegaba desde la Plaça Catalunya mientras nuestra única preocupación era esmerarnos para poder mirarnos sinceramente a los ojos y reconocernos en el otro…

Quizás la única fórmula posible para poder aceptar todo esto sea la compasión profunda, pero por suerte o por desgracia aún no somos santos, somos sólo seres humanos que hacemos lo que podemos para ayudar a cambiar el mundo empezando por limpiar nuestra casa, que no es poco. La certeza de estar todos y todas en lo mismo ayuda, sirve más que de consuelo saber y sentir que cada vez somos más los alineados que empujamos fuerte e incansablemente para que los alienados también dejen algún día su lucha y se unan a la celebración que debe ser la vida. El planeta los necesita… “¿Quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón. Tanta sangre que se llevo el río… Yo vengo a ofrecer mi corazón…”, la fuerza que nos mueve la expresó de forma preciosa Mercedes Sosa en esta canción compuesta por Fito Páez.

Regreso del retiro y la indignación y la pena vuelven a manifestarse con gran intensidad al contemplar los vídeos sobre la represión policial que circulan por Internet. ¿Cómo es posible tanta violencia? Los antidisturbios vuelven a mostrar su versión más siniestra: la de máquinas fríamente programadas para ejecutar las órdenes dictadas por alguien aún más desquiciado y con el corazón más espinado. Golpean sin contemplaciones y con increíble naturalidad a indefensos y pacíficos ciudadanos que sólo reclaman derechos a mano alzada. No respetan nada; ni a mujeres, ni a gente mayor… nada.

¿Qué puede llevar a un ser humano a mostrarse tan despiadadamente inhumano? Otra vez tan difícil de entender, otra vez tan difícil recurrir a la mirada compasiva para calmar la rabia… Las enseñanzas espirituales nos invitan a ser compasivos con todos los seres, incluidos aquellos que por las circunstancias más se han alejado de su centro y sufren por ello, haciendo daño al resto debido a la confusión en la que se hallan inmersos. Pero a la hora de la verdad lo cierto es que no resulta nada sencillo sentir compasión por aquél que nos agrede. Para ello es necesario mucho, pero que muchísimo trabajo interior previo. Sea como sea, lo que sí es incuestionable es que el odio produce odio, y por tanto, no parece ser la mejor opción como respuesta si lo que estamos persiguiendo y desando es la paz.

Mientras me hallo inmerso en todas estas reflexiones sigo viendo vídeos en los que no dejan de contraponerse violencia y resistencia pacífica, y en mitad de ello, recibo también la noticia de que la policía francesa acaba de desalojar por la fuerza otra concentración en París. Y es en ese instante, que el espíritu de Gandhi vuelve a planear a mi alrededor para serenar un poco la indignación y recordarme una vez más cuál es el camino que quiero seguir; el de la conciencia en positivo y la esperanza que, además de la pena y la rabia, también me acompaña como acompaña a los miles de indignados que resisten estos días, contra viento, marea y porrazos, las embestidas de una estructura en decadencia. La esperanza y la certeza de la resistencia pacífica y la no violencia:

“Una revolución no violenta no es un programa para la toma del poder. Es un programa para la transformación de las relaciones, de modo tal que se desemboca en una transferencia pacífica del poder […]

La no violencia es la ley de nuestra especie, por la misma razón que la violencia es la ley de los brutos. En el hombre brutal todavía no se ha despertado el espíritu: no conoce más ley que la fuerza física. La dignidad humana exige que el hombre se refiera a una ley superior que haga vibrar la fuerza del espíritu.

No se puede ser genuinamente no violento y permanecer pasivo ante las injusticias sociales”.

(Mahatma Gandhi)

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VIDEO 1: 27M BCN REVOLUTION

VIDEO 2: Barcelona resisteix al desallotjament

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