El pasado domingo fue una nueva oportunidad para demostrar que reivindicar la libertad es la más potente sensación posible; la que te recorre el sistema nervioso con mayor ímpetu; la que cabalga el torrente sanguíneo como si en lugar de corazón tuviéramos una bomba.

¿Libertad? Sí, por si no nos habíamos dado cuenta, y muy por encima de trabajo, igualdad, justicia social y laboral, equidad o dignidad, estamos uniéndonos porque aunque muchos no seamos racionalmente conscientes, sentimos que nos falta algo mucho más importante.

Libertad no es poder hablar o circular: no. Libertad es que nadie pueda invadir nuestro camino, nuestro desarrollo, nuestra voluntad y nuestro criterio. Libertad es incompatible con oligopolio, oligarquía, monarquía y partitocracia. Libertad es compartir y colaborar, no obedecer y asumir. Libertad es respeto y no acatamiento. Libertad es disponer de un área imaginaria de no agresión expresa o institucional, y que esa área sea propia de 6.000 millones de realidades que saben mezclarse sin imponerse. Que entienden el término “empatía”, aunque simplemente sea por egoísmo, porque si yo entiendo a los demás, los demás me entenderán a mí…

Libertad… libertad implica que no podamos abusar de nadie, tanto como individuos como desde las instituciones. Libertad implica nuevas regulaciones para evitar que muchos decidan sobre pocos, pero especialmente que pocos decidan sobre muchos. Implica acabar con la hegemonía de los medios de desinformación del capital, que es lo mismo que decir “de una minoría enquistada” que condiciona voluntades de las mayorías por controlar los hilos de la información. Libertad significa que nadie se deba obligatoriamente a nadie y voluntariamente a todos, y que la democracia funcione.

El pasado domingo volvió a ser el día de la libertad, y se hizo un buen uso de él. Siendo serenos y pacientes, y mostrándonos, haciendo saber a aquellos que dominan las instituciones desde hace varias generaciones, que esto no va a durar mucho, y que si bien somos pacíficos, también somos firmes y estamos decididos a que esto concluya, y a que nunca más sean “los mercados” o “el capital” los que condicionen nuestro devenir, y mucho menos por encima de “las personas”.

El pasado domingo volvimos a las calles, a mirar a la cara a nuestros vecinos, a sentirnos bien entre los demás, a recuperar aquella ciudadanía y fraternidad que teníamos olvidada, a ser conscientes de que ese desapego que nos habían inculcado sólo beneficia a aquellos a los que les conviene la división y no la unión.

Vamos a hablar con confianza con los desconocidos para que dejen de serlo, vamos a dejar de ser individuos para ser pueblo, y vamos a crear hábito para perder miedos y descubrir que los demás son como nosotros y que cada vez resulta más agradable descubrirlo.

Nos volvemos a ver en la calle, compañeros.

Fuente: Iniciativa Debate Público

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