Después de cuatro años de una intensa y grave crisis económica, mucha gente se pregunta con angustia: ¿cuándo acabará esta crisis? Y es una pregunta inadecuada, porque nadie la puede contestar, y además, aunque alguien pudiera hacerlo, de nada serviría.

Pero sí que existen dos preguntas importantes, que no solo son adecuadas, sino que es urgente que todos reflexionemos sobre ellas si queremos salir algún día de la crisis. La primera es: ¿por qué hemos llegado a esta crisis? Y la segunda: ¿cómo deberíamos salir de ella? Porque si entendemos realmente lo que ha sucedido, y no nos limitamos de forma automática a responsabilizar exclusivamente a los banqueros y a los políticos, entonces descubriremos que todos tenemos una parte de responsabilidad en el problema, pero que también somos una parte imprescindible de la solución.

A mi modo de ver, la causa final de todo el problema es la pérdida de sentido de la vida del propio ser humano, y, en consecuencia, de la mayoría de sus actividades. En los siglos XIX y XX se ha desarrollado una visión materialista y mecanicista del ser humano y de su existencia en la Tierra, y ello ha llevado a aceptar de forma implícita el modelo darwinista de la lucha por la supervivencia. Parece que la vida no tiene un sentido en si misma, y que el único objetivo es sobrevivir el mayor tiempo posible y hacerlo con el mayor placer y la mayor comodidad a nuestro alcance. En esa lucha por la supervivencia, parece que quienes tienen las de ganar son los más fuertes o los que saben adaptarse mejor.

Sigue leyendo el artículo de Joan Melé, sub-director de Triodos Bank:

De sobrevivir a vivir

Esta deformación del modelo teórico con el que Haeckel y Darwin intentaron explicar la evolución de las especies en la naturaleza ha acabado imponiéndose como un dogma incuestionable y, además, se ha tomado como modelo en el mundo económico. Las empresas luchan por sobrevivir en el mercado, y tienen claro que deben ser fuertes y deben saber adaptarse si quieren superar a sus competidores. Encontramos este modelo tan normal, que así se enseña y se transmite en las escuelas y en las universidades. Se afirma que estamos en un mercado libre, en el que impera la ley de la oferta y la demanda, que cada uno debe buscar el máximo beneficio personal y que el propio mercado ya lo regulará todo.

Pero llevamos más de dos siglos defendiendo esta forma de hacer las cosas y las crisis han ido aumentando, y también el sufrimiento de millones de personas, a la vez que hemos ido destruyendo el planeta en el que habitamos hasta llegar a una situación insostenible que podría llegar a no tener retorno. Ya no podemos seguir defendiendo este modelo de economía y este modelo de empresas, basadas únicamente en la maximización de los beneficios a corto plazo y sin ningún sentido o misión en su actividad, sin ningún tipo de responsabilidad social o medioambiental. Cada vez más, unas pocas personas acumulan riquezas inmensas, y son miles de millones las que no llegan al mínimo para poder vivir en condiciones. En las empresas sobra miedo y codicia, y falta conciencia global, falta un sentido.

Empresas y personas como sujetos activos del cambio

Una empresa no es una actividad que se emprende para ganar dinero, sino porque se ha tenido una idea que se piensa que es creativa, que aportará valor a la sociedad, que ayudará a que mejore la calidad de vida de las personas o el medioambiente. Por supuesto que una empresa debe tener beneficios, pero el beneficio no debería ser el objetivo sino solo el resultado. Si una empresa produce algo que es útil para el mundo, y lo hace de forma eficiente, al final de año tendrá unos beneficios que indicarán que lo ha hecho bien y que ha creado riqueza; en este caso, el beneficio, el dinero, debería ser un indicador de la riqueza creada. Cuando se invierte el orden de valores, y el beneficio pasa por delante de las personas y del planeta, entonces se llega a la situación destructiva actual, que acaba volviéndose en contra de los mismos que la han iniciado como si fuera un boomerang.

La nuevas empresas que permitirán que algún día salgamos de la crisis, pero que salgamos todos los seres humanos, no solo unos cuantos de algunos países, son aquellas que ya han comenzado a cambiar los modelos del pasado. Son empresas que se fundamentan en personas interesadas por los otras personas, y que establecen un nuevo tipo derelaciones de carácter más orgánico. En un organismo cada célula o cada órgano está en relación con el conjunto, y todo lo que hace repercute en las otras células, a la vez que le afecta todo lo que hacen las demás. Esta es la diferencia entre un organismo y un mecanismo.

Muchas empresas actuales tienen estructura de mecanismo, en donde las personas son solo piezas de una máquina, y en donde nadie tiene conciencia de lo que hacen los demás ni tiene opción de tener iniciativa. En cambio, en las nuevas empresas las personas dejan de ser solo recursos, y pasan a ser sujetos activos del cambio.

El mejor marketing es ser auténtico

Curiosamente, el hecho de tener “un sentido” o una misión, es decir, el hecho de estar enfocados en ser útiles a la sociedad y en la voluntad de aportar valor, se convierte indirectamente en una oportunidad y en la mejor estrategia de marketing. Y quiero que no se me malinterprete, no digo que tengamos que hacer estrategias de parecer “buenos” para vender más, sino que con la crisis son cada vez más las personas que han despertado a la conciencia, que se han dado cuenta de que si nuestro comportamiento no es ético en todo lo que hacemos, entonces no tendremos futuro.

Esos miles o millones de personas que ya han hecho el cambio de conciencia y han decidido comprometerse para conseguir ese “otro mundo posible” del que todos hablan, esas personas apostarán cada vez más por un consumo responsable y favorecerán a las empresas éticas, mientras que penalizarán a las que no lo son. El mejor marketing es ser auténtico y transparente, esto es lo que hoy abre más oportunidades.

No podemos esperar ya más para implicarnos personalmente en el cambio de modelo. No somos lo suficientemente conscientes de que los graves problemas de hambre, escasez de recursos y enfermedades provocadas por la contaminación del aire, del agua y de la tierra, que hoy afectan a millones de personas, pueden llegarnos en cualquier momento a nosotros, al igual que nos ha llegado la crisis económica cuando vivíamos dormidos en la opulencia y en el consumo irresponsable. No creo que tengamos ya más avisos, ya se nos ha dicho todo; ahora solo hace falta determinación y coraje para llevar a cabo aquello que, por fin, ya vemos que es lo único que tiene sentido.

Joan Melé, sub-director de Triodos Bank

www.dineroyconciencia.es

Texto publicado originalmente como capítulo del libro Buscando nuestro momento – Eureka

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