miedo

Nos guste o no, el miedo forma parte de nosotros en mayor o menor intensidad. Pero como casi siempre, a nuestro favor tenemos la capacidad de elección: dejarnos paralizar por él o transformarlo en una señal de alerta que nos aporte nuevas perspectivas en situaciones de conflicto. A continuación, Gaspar Hernández entrevista a la profesora Pilar Jericó, quien afirma que tenemos más miedo del que la crisis económica invita a pensar, y que, en vez de centrarnos en los problemas, tendríamos que fijarnos más en las soluciones…

Época de crisis. El miedo, ¿es excesivo?

Sin duda. Hay más miedo del que realmente los datos invitan a pensar. Es cierto que hay una desaceleración, pero hay también una situación de reajustes y oportunidades.

La crisis pasa, como la bonanza.
Pero somos demasiado cortoplacistas: solo vemos el corto plazo y no nos damos cuenta de que, tanto de lo bueno como de lo malo, se sale. Y ahora no vemos más allá del miedo.

Y con miedo no somos felices.
Entre otras cosas, porque han aumentado considerablemente el estrés y los problemas de salud. Y es una lástima, porque de todo ello saldremos.

Obama dice no tener soluciones.
Es lo que me gusta de su discurso: “yo no tengo la solución”, afirma, “pero sí sé la forma de encontrar la solución”. No es tanto lo que tenemos que hacer, sino saber que, llegado el caso, tendremos las herramientas para saber qué tendremos que hacer. Ante todo, apoyándonos en personas, buscando redes de colaboración. Por encima de todas las crisis, creo en la capacidad de adaptación del ser humano. Y, en el fondo, somos afortunados. Nuestros problemas no son como los de hace un siglo, ni como los de otros países.

¿Qué le diría a un lector que lo pase mal económicamente?
Yo he tenido, en el pasado, graves dificultades para llegar a final de mes, y he pasado por situaciones muy duras. Cuando uno está mal, es difícil tener esperanza. Le diría que tome conciencia de las cosas en las que puede actuar y en las que no.

La energía del ser humano es limitada.
Por eso tenemos que tomar la siguiente decisión: si damos fuerza a los problemas o a las soluciones. Si te ha tocado una regulación de empleo y te quedas fuera, focaliza la energía en la solución. No te recrees en el lamento, en el “pobre de mí”, porque de ahí no saldrás. Y de aquí a dos o tres años, cuando todo haya pasado, veremos que las decisiones que hayamos tomado en momentos como estos van a ayudarnos a la felicidad del futuro.

¿Cómo canaliza usted su energía?
Disfrutando de mi gente, del trabajo… Me apasiona lo que hago.

El miedo es una ilusión de la mente, pero, sin embargo, nos condiciona excesivamente.
Porque tiene una base biológica, potente. Todos nacemos con miedo, y moriremos con miedo. Los budistas dicen que solo dejaremos de tener miedo cuando sintamos pánico. Es decir, siempre tendremos miedo. Porque estamos aquí gracias al miedo, una emoción que nos ha ayudado a evolucionar, porque nos alerta de los peligros. Por tanto, se activa fácilmente.

Y aquí nuestra educación se ha basado, en buena medida, en el miedo.
Por eso es muy fácil que ante las noticias negativas se active esa emoción. Pero nuestro crecimiento personal tendría que tener el objetivo de evitar dicha emoción. Se trata de aprender a reconducirlo.

¿Cómo?
Centrarnos, como he dicho, en lo que podemos hacer. Centrarnos en las soluciones, no en el problema.

¿Y darle la espalda?
No, al contrario: tenemos que mirar el miedo a la cara. El peor miedo es el ambiguo: especular con lo que puede ocurrir, qué pasará si me despiden, etcétera. En primer lugar, pregúntate si realmente te pueden despedir. Después, qué alternativas tienes. Y, desde ahí, construye un plan de acción muy práctico. El peor miedo es el que está en tu cabeza, y al que das vueltas
y vueltas sin parar. Cuanto más piensas en el miedo, más fuerza le das.

Hay que pensar en lo opuesto, como un antídoto.
Sí, hay que ir al otro lado, a lo que te gusta y te ilusiona, a las oportunidades. Se trata de disfrutar con lo que se hace. Y es básico apoyarte en un equipo, en personas queridas: por eso es bueno hablar del miedo.

¿Ah, sí?
En su justa medida. Hay gente que nos agota con su miedo y su negatividad. Sugiero evitarla, y rodearnos de personas que no nos vampiricen.

El miedo evita la colaboración.
Y, curiosamente, estamos en la era de la colaboración, como lo demuestran Facebook y las redes sociales. El discurso del nuevo presidente norteamericano va por ahí: el discurso de la colaboración, de apoyarnos los unos en los otros.

Al menos Obama, de momento, no usa el miedo como herramienta.
El miedo ha sido la herramienta tradicional para gobernar las empresas, las familias, los países y la sociedad. Hay jefes y líderes que utilizan el miedo por incapacidad absoluta de utilizar otras herramientas. Es un modelo agotado. No sirve para sacar lo mejor de las personas.

Entrevista publicada en El Periódico de Cataluña

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