¿Podemos permitir la venta de la naturaleza para pagar rescates bancarios o facilitar el lucro de un puñado de inversores? 

Los medios de comunicación nos mantienen informados de buena parte de lo que sucede en Grecia, fundamental si tenemos en cuenta que este país funciona como laboratorio de unas políticas de rescate más que preocupantes. Sabemos que desde el inicio de la crisis, cada trabajador o trabajadora de Grecia ha perdido, como media, el 40% de su salario mientras que el aumento del precio de productos básicos como la leche y el aumento de los impuestos lleva a un debe y haber familiar ciertamente imposible e insoportable. Igual que en nuestro país, los índices de desempleo crecen, desaparecen subsidios, se recortan servicios básicos como la sanidad y se regulan políticas laborales que nos convierten en países low cost. Pero hay otra realidad menos conocida -o más bien silenciada- de estos experimentos de rescate que debemos conocer y analizar, porque los resultados de ensayos parecidos en el Estado español se van haciendo progresivamente más visibles.

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