¿Cree usted que una hoja que cae al suelo teme a la muerte? ¿Cree que un pájaro vive con el temor de morir? Se enfrenta a la muerte cuando la muerte llega; pero no se preocupa por la muerte, está demasiado ocupado con el vivir: ocupado en atrapar insectos, en construir un nido, en cantar, en volar por el júbilo mismo del vuelo.

¿Ha observado alguna vez a los pájaros que, llevados por el viento, se remontan en el aire hasta una gran altura, sin un solo batir de alas? ¡Cómo parecen deleitarse sin cesar! No se preocupan de la muerte. Si la muerte llega, está bien, han terminado. No hay preocupaciones acerca de lo que va a suceder; viven de instante en instante, ¿no es así?

Somos nosotros, los seres humanos, los que siempre estamos preocupados por la muerte porque no estamos viviendo. Esa es la dificultad; estamos muriendo, no viviendo.

Ahora bien, si usted puede vivir de instante en instante y no preocuparse acerca del futuro, si puede vivir sin el pensamiento del mañana -lo cual no implica la superficialidad de ocuparse meramente del hoy-, si estando alerta a todo el proceso de lo conocido puede renunciar a lo conocido, desasirse completamente de ello, descubrirá que ocurre algo asombroso.

Inténtelo por un solo día – descarte todo lo que conoce, olvídelo, y vea simplemente lo que sucede.

No cargue con sus preocupaciones de día en día, de hora en hora, de instante en instante; despréndase de todas ellas y verá que, gracias a esta libertad, adviene una vida extraordinaria que incluye tanto el vivir como el morir.

La muerte es tan sólo la terminación de algo, y en ese morir mismo existe una renovación.

Jiddu Krishnamurti

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“¿Qué lamentamos no haber hecho antes de morir?”

 

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