Montse Bradford, una auténtica maestra en el campo energético de la nutrición y la salud integral a escala europea,nos invita a revisar y transformar nuestros patrones inconscientes de alimentación para dar un gran salto en calidad de vida. Según ella, todos los alimentos poseen una determinada vibración que afecta no sólo a nuestro cuerpo físico, sino también a nuestro cuerpo emocional y mental. Por tanto, en base a esta teoría, por mucho que nos esforcemos, la búsqueda de paz y armonía que todos deseamos estará condenada al fracaso hasta que no tomemos realmente conciencia del efecto global que tiene en nuestro organismo todo aquello que comemos. En la siguiente entrevista, además de interesantes reflexiones sobre los mencionados patrones alimentarios que hemos ido adquiriendo generación tras generación, Bradford también nos obsequia con sus recomendaciones y consejos para iniciar la estimulante aventura que supone el cambio hacia una alimentación más consciente.  

Lee la entrevista:

Además de experta en nutrición natural y energética, Montse Bradford también es diplomada en terapia emocional y psicología transpersonal, y conoce el arte de la sanación vibracional. Barcelonesa de nacimiento y con muchos años de experiencia en Inglaterra, donde ha fundado y dirigido varias escuelas de cocina, Montse se ha formado con destacados profesores del ámbito de la alimentación energética en Europa, EE. UU. y Japón. Entusiasta de la innovación y la investigación, actualmente compagina la escritura y los cursos de formación en su escuela de Barcelona con colaboraciones en diferentes publicaciones de salud alternativa y participaciones en ferias, congresos, cursos y seminarios a nivel internacional.

A diferencia de muchas personas que acaban transformando sus hábitos alimentarios después de iniciar un proceso de exploración y crecimiento personal, en el caso de Montse Bradford fue el hecho de interesarse por una alimentación cada vez más óptima desde temprana edad lo que la llevó a explorar la senda de la paz interior. Sea como sea, a la hora de la verdad, coincide plenamente con muchos otros maestros al promover la vuelta a lo sencillo y al aconsejar que para creer en algo, antes que nada, hay que experimentarlo primero. Y también, al reconocer que todo proceso de trabajo interior debe llevar en última instancia a la revelación del gran secreto para la paz y la armonía: el respeto y el amor hacia los demás empezando por uno mismo.


 “Ponemos demasiadas expectativas en la comida porque los demás ámbitos están vacíos o desequilibrados”

 

¿En qué consiste la nutrición energética?

Llevo ya casi 40 años estudiando los efectos energéticos asociados a cada alimento, sea sólido o líquido… Es algo importante porque cada persona necesita consumir más o menos determinados tipos de alimentos en función de su estructura. Hoy en día nos alimentamos a un nivel demasiado primario, llevados por los impulsos y sin tener en cuenta los efectos de cada cosa.

Por otro lado, para mí, la nutrición energética también es natural y sostenible. Esto implica, en primer lugar, volver al tipo de alimentación más natural que ya tenían nuestros antepasados, antes de que llegaran todos los paquetes, el donut yla Coca Cola… En este sentido, es importante utilizar alimentos primarios, que vayan directamente del campo a nuestro estómago, sin procesar en absoluto. Nuestro cuerpo lo va a asimilar mucho mejor. Y en segundo lugar, tenemos que desarrollar también la conciencia a nivel de planeta; somos ya demasiados habitantes como para pretender alimentarnos todos a base de proteínas animales. Claramente, la carne no es un alimento sostenible; para conseguir un quilo de carne se necesitan1.500 litrosde agua… No puede ser que se abuse tanto del consumo de carne y jamón mientras hay gente que no puede beber ni comer nada. Plantar un campo con cereales o legumbres permite alimentar a un mayor número de personas de un modo mucho más sostenible. Por tanto, es necesario apostar por la proteína de origen vegetal para empezar a fomentar un tipo de alimentación mucho más consciente.

¿Por qué es tan desconocida?

Esto no es una moda ni algo que me haya inventado yo. Estoy convencida de que siglos atrás ya nos alimentábamos en gran parte así. El progresivo abuso en el consumo de carne ha tenido unos efectos directos tanto en nuestro cuerpo físico, como en el mental y emocional; esto se traduce en una creciente agresividad y competitividad, el ego se empieza a desbordar…

La carne genera una energía muy densa, de efecto acumulativo y de exceso, y esto hace que necesitemos compensarla con el consumo de alimentos que contengan una energía que nos enfríe. Por tanto, raramente verás a alguien comiendo carne con cereales integrales, que también contienen una energía más bien densa. Es entonces cuando surge la necesidad de refinar los carbohidratos y consumir más azúcar, más patatas, más pasta blanca, más arroz y pan blanco… El resultado es una combinación muy extendida, pero energéticamente demasiado extrema.

¿Cuál es el actual estado de salud alimentaria de nuestra sociedad en general?

Bastante crítico. Tenemos que volver a tener conciencia y darnos cuenta de que los alimentos que vibran de forma demasiado extrema no funcionan. Necesitamos alimentos más moderados, porque de ello depende la salud de nuestros sistemas nervioso, digestivo y circulatorio, los problemas de obesidad y la extensión de un gran número de enfermedades modernas. Quizás hoy en día podemos vivir muchos años, pero la pregunta que debemos hacernos es: ¿con qué calidad?

¿Qué relación guarda la alimentación con nuestras emociones, a parte de estar ambas demasiado desatendidas?

En mi último libro, “La alimentación y las emociones”, exploro la relación que tiene la alimentación con cada uno de nuestros cuerpos: físico, emocional y mental. El único que realmente necesita comida física es el que tiene sistema digestivo, el cuerpo físico; los otros se alimentan más bien de otras cosas, tales como la vibración, el amor, la respiración, hacer yoga… Ahora bien, la mayoría de seres humanos lo arreglan todo comiendo; para tapar las emociones, para evadirnos y no verlas… El vínculo entre alimentación y emociones empieza justo cuando nacemos, con las sensaciones confortables que nos aporta alimentarnos del pecho de nuestra madre. Pero después esto se va desviando y pasamos a ver la comida como algo que nos tiene que reconfortar emocionalmente. Por eso premiamos con chocolate y caramelos cuando en realidad lo más adecuado sería dar un abrazo, y ya de adultos seguimos utilizando la comida para compensar todo aquello que nos disgusta. Es muy importante empezar a atender mucho más el cuerpo emocional y no limitarnos a solucionar sus carencias sólo con comida.

¿Podemos favorecer la salud del cuerpo emocional y mental con un determinado tipo de alimentación?

Por supuesto, ya que todo lo que ingerimos físicamente afecta al conjunto de los tres cuerpos. Un buen ejemplo es el alcohol, que tiene una clara afectación directa sobre todos los cuerpos. La medicina china ya nos dice que cada alimento repercute a los diferentes órganos, y en función de cómo estén funcionando éstos, seremos más propensos a experimentar unas determinadas emociones. Poniendo otro ejemplo, si como mucha carne tendré el hígado bloqueado, y si lo mantengo así durante mucho tiempo, experimentaré fácilmente emociones negativas como cólera, ira, agresividad o impaciencia. Asimismo, si tomo alimentos extremos que me desmineralicen, como el azúcar, esto me debilitará los riñones y tendré emociones negativas de miedo, falta de arrojo o poca confianza en mí mismo.

A grandes rasgos, ¿cómo debería ser nuestra dieta para que el alimento se convirtiera en nuestra mejor medicina y nos ayudara a encontrar también un estado de ánimo más equilibrado?

Debería huir de los extremos y basarse en alimentos más moderados… Así, la vuelta a una alimentación natural implicaría, básicamente, el consumo regular de cereales integrales, que me pueden aportar una energía y vitalidad más constante; proteínas vegetales, en forma de legumbres o también de tofu, tempeh y seitán; verduras, algas, semillas, frutos secos, frutas locales de la estación, endulzantes y condimentos naturales… y puntualmente, un poco de pescado y huevo, sobre todo para aquellas personas de constitución más débil.

Adoptar este patrón de alimentación durante un cierto tiempo puede aumentar poco a poco nuestra conciencia, ya que los alimentos vibran y al cambiarlos también lo hace nuestra vibración. Ocurre del mismo modo que con nuestros pensamientos; dependiendo de cómo sean incidirán de una manera u otra en nuestro campo vibracional. Todo lo que consumimos, pensamos y hacemos determina nuestra vibración. Un tipo de alimentación basada en una vibración rápida, con abuso de alcohol, azúcar y estimulantes en general, generará pensamientos mucho más descontrolados. Por tanto, una alimentación energéticamente más equilibrada, incidirá directamente en una salud física, mental y emocional también más equilibrada.

¿Me servirá de algo querer aprender a meditar si paralelamente no presto una mayor atención a la calidad de mi alimentación?

La verdad es que no demasiado… Empezar a trabajar con la calidad de mis pensamientos será muy difícil si entre tanto sigo consumiendo mucho alcohol y mucha carne… En cambio, comiendo de modo más equilibrado, especialmente alimentos del reino vegetal, además de sentirnos mejor físicamente, podremos tener emociones más pacíficas y esto nos permitirá también observar mejor nuestros pensamientos.

Si tenemos el cuerpo físico muy débil, el mental controlándonos la vida y el emocional ni lo conocemos… ¿Cómo podemos pretender meditar o trabajarnos el espacio interior? Una vez más, es básico tener en cuenta la necesidad de equilibrio y armonía entre los tres cuerpos, y esto pasa por querer prestarles atención y conocerlos.

Qué fácil es entrar en el círculo estrés-necesidad de evasión-sensación de vacío…

Sí… Hoy en día los valores imperantes son completamente exteriores, desde el momento en que te levantas. Y esto no es más que una ilusión. Lo realmente valioso y por descubrir es el contacto con nuestro mundo interior, con el corazón, y que esto nos lleve a descubrir para qué hemos venido aquí… Somos eminentemente vibración, seres de luz con un cuerpo físico. Cuando éste pasa a ser el punto de referencia la vida se convierte en algo muy diferente. Pero para llegar hasta ahí es muy necesario el silencio y la escucha interior. El vivir hacia afuera no nos va a aportar absolutamente nada a largo plazo, mientras que el valor interior nos lleva hacia la eternidad…

¿Cuáles son los productos que mejor sería desterrar con el objetivo de conseguir una dieta más sana y equilibrada?

Hay un primer grupo de alimentos extremos, de energía yang, que vibran a un nivel denso y lento, generando tensión, bloqueos y una acumulación excesiva de toxinas en el organismo. Son las grasas saturadas, y en este grupo entrarían todas las carnes y embutidos, todos los lácteos, y según para quien, también los huevos, más aconsejables para las personas de constitución débil. Hoy día existe un gran abuso de este tipo de grasas saturantes. También entrarían dentro de este grupo, por bloquear los riñones, la sal cruda y los condimentos salados, snacks, patatas fritas… Así como los alimentos horneados de harina, aunque sean integrales o hechos en el molino del vecino. Comer mucho pan, bizcocho o galletas también nos puede bloquear.

En el otro lado de la balanza, encontramos el otro grupo de alimentos poco recomendables, con energía yin extrema, que crean acidez en la sangre y nos expanden e inflaman en exceso. Vibran rápidamente desmineralizando el organismo y enfriándolo con posterioridad. Aquí encontraríamos el alcohol en todas sus facetas, los vinagres de manzana, vino, módena y arroz, los azúcares rápidos y refinados, ya sea blanco o moreno de caña; los estimulantes en general: té, café…  El chocolate, los helados y la bollería y la pastelería. Y también los lácteos blandos: leche, yogur, mantequilla; y la soja cruda, que también es muy indigesta. En último lugar, las frutas tropicales en exceso y las verduras solanáceas, como la patata, el tomate, la berenjena o el pimiento, que yo no recomendaría para cada día.

¿Cómo podríamos endulzar de una manera más sana y natural?

Con miel o melaza de cereal, stevia… También con dátiles y pasas… Ahora bien, hay que tener en cuenta que será muy difícil reducir el consumo de azúcar mientras no reduzcamos la ingesta de alimentos con energía extrema yang. Energéticamente, nuestro organismo necesita equilibrar una parte de alimentos extremos yang con siete partes de alimentos extremos yin…

Así, cuando la gente me dice que no sabe cómo dejar de tomar tantos croissants o donuts de chocolate, yo siempre les aconsejo que primero deberían empezar por disminuir el consumo de carne, jamón, quesos y huevos…

Una tarea muy difícil para muchos… ¿Cómo podemos mantener el binomio placer en la mesa y salud?

Mi lema es el siguiente: utilizar los alimentos que se necesitan de la forma que más se desea. Nos pueden apetecer unas albóndigas y tomárnoslas de seitán, o una lasaña y que sea de lentejas… Podemos adaptar cualquier receta tradicional para que le siente mejor al cuerpo físico y que al mismo tiempo el cuerpo emocional también quede contento.

¿Qué importancia tiene en todo esto la manera de cocinar?

Tan importante es conocer la energía de los diferentes alimentos como la energía que podemos obtener según cómo los cocinemos. Se puede aprender a cocinar una zanahoria para que me dé la energía de la carne o una chirivía para que me dé la del queso sin efectos secundarios no deseados… En tercer lugar, también es importante tener en cuenta que la energía de cada persona es diferente, y por tanto, las necesidades alimentarias también lo son. Y en último lugar, otro aspecto clave es saber cómo combinar los alimentos para que produzcan el efecto más óptimo posible en nuestro organismo.

Antes que nada, ¿tendríamos que empezar replanteándonos para qué comemos?

Hemos perdido completamente la conciencia respecto a esto. Principalmente, lo hacemos para generar una buena calidad de sangre. Pero como es algo que no se valora, no es prioritario cocinar y sí dedicar tiempo a otras cosas, como chatear, salir de compras o ir a la peluquería. Nos decantamos por los congelados y el microondas cuando poner a hervir unas verduras o una olla con arroz integral o lentejas para dos días sólo nos lleva unos pocos minutos…  Es muy necesario que volvamos a tomar conciencia de la importancia de saber qué comer y cómo cocinar, sobre todo si queremos que nuestros hijos y las generaciones futuras puedan crecer con la fuerza y vitalidad suficiente.

¿No nos importa realmente lo que comemos o más bien nos basamos en certezas y creencias equivocadas?

Más bien lo segundo… Sólo hay que fijarse en las diferencias de alimentación entre Oriente y Occidente, y la relación que esto guarda con la calidad de vida. Yo he vivido en Oriente y he podido comprobar cómo allí apenas hay obesidad y la gente puede gozar de la tercera edad con salud y flexibilidad, mientras que aquí se llega arrastrando diferentes enfermedades y con el cuerpo físico, en general, muy bloqueado. Allí no existe tanto la osteoporosis, mientras que aquí es fácil llegar a los 60 o 70 años con esta dolencia si se ha llevado una vida con un elevado consumo de carne y lácteos. Y otro ejemplo significativo lo encontramos en la menopausia; allí prácticamente no saben ni qué es, ni la palabra existe, y aquí se vive cada vez con más alarma, padecemos los síntomas como si fuera una enfermedad… Tradicionalmente, la cultura oriental no ha basado su alimentación ni en la carne ni en los lácteos, y creo que tenemos que aprender mucho de ello…

Qué difícil luchar con el peso de la tradición…

Hay estudios realizados allí que demuestran cómo una alimentación basada en cereales, legumbres y proteínas vegetales está mucho más libre de problemas como el cáncer o la obesidad. Ahora bien, quizás aquí esto no funciona tanto porque no fomenta ni la agresividad ni la evasión, estados que hoy en día se necesitan para sobrellevar el valor que se le da a todo lo exterior. Cuando el ser humano decida buscar más en su interior y crear estados de armonía, ya no buscará de forma tan desesperada consumir chocolate, alcohol, etc. Actualmente, se siente demasiado vacío en el interior y esto lleva a buscar cualquier estímulo en el exterior. El auténtico estímulo viene a través del trabajo que podemos realizar desde nuestro interior…

¿La necesidad de consumir leche y carne serían dos de los grandes tópicos?

Cuesta mucho cambiar costumbres a nivel social y más aún cuando hay todo un bombardeo publicitario detrás… Aquí, tenemos 40 años y aún no nos hemos destetado, seguimos tomando lácteos. Somos el único animal que se alimenta con leche de otro animal. Pero de nuevo, para que pueda haber un cambio, primero hay que entender y atender el cuerpo emocional. Si se encuentra desatendido es muy fácil caer en el consumo de azúcar y productos lácteos que nos proporcionan una sensación de confort.

Asimismo, ningún tipo de carne es realmente necesaria para el ser humano. Podemos vivir tranquilamente sin consumir carne. Cuando hay debate entre si es preferible una dieta vegetariana o carnívora, yo siempre aconsejo fijarse en nuestro cuerpo físico; la antesala de nuestro sistema digestivo es la boca, y en ella sólo tenemos cuatro dientes caninos de las 32 piezas que hay en total… Por otro lado, nuestros intestinos son muy largos a diferencia de los que tienen los animales carnívoros, que son muy cortos… Para mí, detalles como estos indican claramente que nuestro cuerpo está diseñado para ser vegetariano, y en realidad, también es lo que le hace sentirse mejor. Grandes sabios como Leonardo Da Vinci, Hipócrates, Sócrates o Einstein eran vegetarianos y lo promovían… Sin duda, ellos sabían que este tipo de dieta puede proporcionarnos mucha más armonía.

¿Qué debemos hacer respecto al alcohol?

Yo nunca lo recomiendo. El alcohol, sea de la calidad que sea, genera una energía que nos evade y dispersa. Así que no es demasiado aconsejable si queremos apostar por una vida con un mayor grado de presencia y conciencia. Difícilmente se podrá encontrar armonía bebiendo alcohol… Además, su abuso también tiene una repercusión directa en los problemas de infertilidad masculina, ya que hace bajar considerablemente la calidad del esperma. La necesidad de consumirlo puede encontrarse en estados de tensión, cuando buscamos evadirnos, o por ejemplo, cuando comemos carne y nuestra dieta es demasiado yang, para compensar… Difícilmente el cuerpo te pedirá alcohol si tomas tofu, brócoli o garbanzos…

Pero dicen que el vino es bueno a nivel cardiovascular…

Cuando llevamos una dieta rica en carne y grasas saturadas se produce colesterol en nuestras arterias, generando una presión alta que impide que la sangre pueda circular bien. Como el alcohol contiene energía del extremo yin, que hincha e inflama, su ingesta expande las arterias, pero esto no es un buen remedio en absoluto, sólo una forma de tapar… Esta combinación también afecta al corazón y al mismo tiempo desmineraliza y debilita los riñones.

¿Qué se ha conseguido con la infinidad de dietas milagro existentes hoy en día en el mercado? ¿Generar más confusión…? 

Totalmente. Cada vez se inventan más nombres y cada semana sale una dieta diferente. Mucha gente está confusa y desesperada, y ya le va bien un método que le prometa resultados con sólo tomar unos polvitos o unas pastillas. Muchas dietas para gente obesa me parecen de risa; el primer paso para perder grasa es dejar de comerla y no mantenerla o incrementarla… Lo único que conseguimos al saltar de una dieta a otra es debilitar el cuerpo físico y su sistema inmunitario. Yo creo que en este sentido, tendríamos que detenernos y darnos cuenta de que la gasolina que necesita nuestro cuerpo físico es en realidad muy simple y sólo nos tenemos que preocupar de mantenerla. Ponemos demasiadas expectativas en todo lo que nos tiene que aportar la comida porque los demás ámbitos están vacíos o desequilibrados…

¿A quién creer y a quién no creer entonces a la hora de buscar consejo?

Lo más importante es experimentar y no hablar sólo a través de la mente. Hay muchos que opinan según algo que han leído pero sin haberlo experimentado. A lo largo de mi vida he ido probando todo tipo de dietas, y al final, he llegado a esto que, comparando, he visto que me funciona muy bien. El tipo de alimentación que yo propongo no entraña ningún tipo de carencia ni peligro, es más, contiene todo aquello que recomiendala OMS-Organización Mundial dela Salud-. Yosólo invito a probarlo y experimentarlo a conciencia durante uno o dos meses, y a partir de ahí que cada uno pueda extraer sus propias conclusiones…

¿Por dónde podría empezar alguien que realmente quiera llevar una buena alimentación pero sin agobiarse en exceso?

Antes que nada, lo primero que yo haría sería abrir los armarios y deshacerme de todos los paquetes que contengan comida procesada. Prescindiría también de los productos congelados porque apenas conservan energía… Y progresivamente iría sustituyendo unas cosas por otras; un paquete de macarrones blancos por otro de macarrones integrales, etc. Incorporar más verduras y cereales integrales es básico. Empezaría también a explorar el mundo de las legumbres y las proteínas vegetales, a comer un poco más de pescado en lugar de carne, y a prescindir de las grasas saturadas o intentaría reducirlas poquito a poquito… Si no nos dejamos engañar, apostar por este tipo de alimentación más sencilla también es más barato.

Todo sin agobiarse pero empezando a apostar por productos que contengan vida. Es muy sencillo; si queremos tener energía y vitalidad, tenemos que comer cosas con energía viva y no muerta. Y si no lo hacemos, entonces es cuando tenemos que acudir a los estimulantes para que nos aporten la sensación de energía que no tenemos…

¿Nos tenemos que fiar del “marketing saludable”?

Hay que ir con mucho cuidado. También hay productos biológicos excesivamente empaquetados… Por ejemplo, yo no recomendaría comprar un chorizo vegetal, ya que si nos fijamos en el paquete, veremos que se necesitan un sinfín de ingredientes para obtenerlo. Prefiero mucho más comerme un buen plato de lentejas. Cuanto más cercano esté a su estado natural originario mucho más recomendable será cualquier producto.

Hay gente que desconfía de probar ciertas cosas que no ha comido nunca…

En realidad sólo hay tres o cuatro nombres que pueden resultar desconocidos; dentro del campo de las proteínas vegetales y para generar más variedad. El seitán es una proteína procedente del trigo o la espelta especialmente recomendable en un país muy carnívoro como el nuestro porque se asemeja a la carne. Con él, podemos seguir comiendo lasañas, albóndigas y hamburguesas de forma alternativa. Por otro lado, el tofu y el tempeh son otros dos productos muy naturales pero, en este caso, procedentes de la soja. Todos ellos los podemos elaborar en nuestra propia casa sin problema. Y luego también están las algas, cuyo consumo ha caído en el olvido a pesar de su naturaleza cercana; muchas de las que podemos comprar son mediterráneas. En la actualidad tenemos tres empresas del país que se encargan de recogerlas de nuestras costas, envasarlas y comercializarlas.

¿Son indispensables los productos biológicos?

Contienen menos químicos y por tanto es aconsejable intentar incorporarlos poco a poco y en la medida de lo posible, pero sin volvernos fanáticos. Los cereales y las legumbres se pueden encontrar en cualquier herbolario a la vuelta de la esquina a un precio que no es inaccesible. Quizás aún hay cierta dificultad para encontrar verduras biológicas, pero al igual que en otros países, seguro que se irán extendiendo cada vez más a medida que la gente vaya comprobando su valor diferencial. En el caso que no podamos comprar verduras de este tipo, siempre es preferible lavar bien y pelar las verduras convencionales antes de cocinarlas.

Remar a contracorriente respecto a los grandes intereses de la industria alimentaria convencional parece una ardua tarea… ¿Es fácil caer en el desánimo?

La verdad es que llevan a cabo una tarea de marketing impecable, ojalá la pudiéramos aplicar nosotros… Es increíble la capacidad que tienen de encauzarnos en modelos erróneos a nivel colectivo. Para contrarrestarlo, lo único que podemos hacer es seguir adelante y buscar el cambio en uno mismo, dejando de fijarnos tanto en qué hace la sociedad o el vecino de al lado. Esto pasa por vivir la experiencia del cambio a nivel personal y que nuestro ejemplo pueda servir para inspirar y motivar a los que están a nuestro alrededor, contribuyendo a hacer la llama cada vez un poco más grande. Si uno cree en la paz, la luz y la armonía, no tiene que dudar de su capacidad para generar ese estado. No creo en la necesidad de hacer mucho ruido y sí en la de practicar con el ejemplo, cualquier otra cosa en este sentido es una pérdida de energía. Aunque no lo parezca, cada vez somos más gente y se está haciendo mucho…

Entrevista de Daniel Gomis para la revista Kalma

 

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